CAMBIO CLIMÁTICO EN YUKUYOKO

por Felipe Dahl-Bredine / Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca, CEDICAM

En Washington DC se investiga al gigante petrolero ExxonMobil por haber financiado ilegalmente propaganda para descreditar el consenso científico sobre la relación entre la quema de petróleo y el cambio climático, aunque sus propios científicos reconocieron la conexión desde los años 80. Y en las Filipinas, los sobrevivientes de los insólitos ciclones que han devastado las islas están demandando a los consorcios petroleros por su responsabilidad en los cambios drásticos en el clima que causaron fenómenos climáticos tan extremos. Aquí en la comunidad de Yukuyoko del municipio de Santiago Tilantongo en la Mixteca Alta, aunque no hay ni siquiera tres coches funcionando en la comunidad que pudieran contribuir a la contaminación que causa estos fenómenos, el cambio climático también tiene sus efectos.

Las y los campesinos de los pueblos indígenas de la Mixteca Alta saben bien cuándo sembrar la milpa, el maíz, su frijol y trigo. Lo saben, muchas veces por la fiesta de un santo o fiesta patronal. Sin embargo, en los últimas 8 años que hemos vivido aquí en la comunidad de Yukuyoko, estas fechas nunca han coincido con la llegada de las lluvias requeridas. La verdad es que ahora nadie sabe cuándo y cómo las lluvias van a  llegar. El año pasado llegaron al fin de Julio en vez de mayo y, en 2015 lo poco que llovió en mayo fue seguido por una sequía de casi dos meses sin agua. Algunas parcelas se estaban recuperando en agosto cuando empezaron unas tormentas poco conocidas acá. En varias comunidades, incluso en Yukuyoko, los vientos, granizadas, y lluvias torrenciales acabaron con lo poco que había sobrevivido la sequía. ¡Claro que el clima está cambiando! ¿Y a quién se puede responsabilizar? No a los tres coches.

Estos cambios no solo pueden presagiar una tragedia para las comunidades campesinas de Oaxaca. Tienen implicaciones mucho más amplias. Son las parcelas pequeñas y medianas, y no las grandes extensiones de los agronegocios, que alimentan 70% de la humanidad hoy en día. Estudios de 400 expertos internacionales que conformaron el Reporte de Evaluación Internacional de Conocimiento Agrícola, Ciencia y Tecnología para el Desarrollo, además de la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, concuerdan que la mejor esperanza que tenemos para alimentar la familia humana en el futuro son estas pequeñas y medianas granjas.

La ciencia agroecológica también está reconociendo la importancia del conocimiento campesino e indígena y las semillas nativas para alimentar a los 9 mil millones de seres humanos que van a poblar este planeta en el futuro cercano. Para mejorar la producción campesina están proponiendo una alianza entre la ciencia y el conocimiento tradicional campesino e indígena. Y en verdad hay mucho en el conocimiento y en las semillas nativas de Yukuyoko y las montañas de la Mixteca para aprovechar para la alimentación humana. La milpa indígena, producto sólo del conocimiento indígena mesoamericano, con su maíz, frijol y calabaza, es un sistema agrícola que ha producido en pruebas en el estado de Tabasco alzas en la producción de maíz hasta 50% más que en monocultivos y además 10 a 12 productos adicionales como son el ejote, flor de calabaza, elote, frijol, calabaza, quelites, zacate, etc. Al mismo tiempo que produce más comida por hectárea, la milpa protege el suelo y da hogar a miles de insectos benéficos que reduce la necesidad de pesticidas.

Aquí en la Mixteca Alta también tenemos una reserva importante de semillas nativas, los cuales intercambiamos libremente. Lo que llamamos el “cajete” es un maíz criollo con una alta resistencia a la sequia. Nosotros sembramos el cajete en enero o febrero en plena sequía, escarbando con la coa para encontrar la humedad residuo de las lluvias del año pasado. El cajete nace y crece hasta tres o cuatro meses sin agua y cuando llegan las  lluvias de mayo o junio, tenemos casi garantizada una cosecha de maíz. Y esta producción puede todavía ser mejor. Expertos encontraron en una comunidad vecina de nosotros un anciano sembrando un maíz criollo que daba 3 toneladas por hectárea en los pobres suelos de las laderas de Tilantongo. La misma semilla trasladada a campos experimentales con suelos fértiles y suficiente agua dio 12-14 toneladas por hectárea.

No solamente es que las semillas nativas tienen esta resistencia al cambio climático. La manera de tratar el suelo en las técnicas tradicionales fomenta más materia orgánica en los suelos, mas vida de micro-organismos, y la cubertura de vegetación en la milpa protege los suelos de eventos extremos. Los suelos resultantes resisten más las sequías y las inundaciones. Si esto no fuera suficiente, nuevos estudios sugieren que suelos ricos en materia orgánica y microorganismos tienen la capacidad de absorber o “secuestrar” gran cantidades de CO2 de la atmósfera. Regenerar en gran escala los suelos empobrecidos por el uso de fertilizantes químicos puede, según algunos estudios, revertir el proceso de cambio climático.

Desafortunadamente el cambio climático no es la única amenaza a este proyecto de agricultura campesina que en sí puede ayudar a solucionar muchas de las crisis alimenticias y ambientales que la familia humana enfrenta. Aparentemente ignorantes de la importancia de la agricultura mexicana tradicional y sus semillas nativas para el futuro de la humanidad, las políticas públicas hacia el campo promueven políticas que tienen la capacidad de destruir mucho de esta riqueza. Enrique Peña Nieto, piensa que México puede mostrarse como un “país moderno que no se mantiene aislado” por firmar el Acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en ingles) sin notar que este acuerdo de comercio quitará todos los aranceles para casi cualquier producto agrícola posiblemente, provocando una vez más, otro éxodo de migrantes del campo mexicano, como lo que vimos después de la implementación del TLC. Además los legisladores mexicanos han promulgado leyes de semillas y de variedades vegetales que hacen ilegal seguir intercambiando nuestras semillas nativas sin etiquetarlas con información no fácil de conseguir para el campesino de nuestras comunidades. Estas mismas leyes abren la puerta a empresas semilleras a tener acceso al material genético de nuestras semillas y patentarlo. Además, demostrando una indiferencia extrema a las riquezas de agrobiodiversidad del país, instancias públicas de México con enfoques agrícolas han demandado más de 20 veces para quitar la moratoria que hoy impide la siembra comercial de maíces genéticamente modificados y la contaminación de la rica biodiversidad de maíz de la cual son guardianas las comunidades campesinas y indígenas de nuestro país.

En vez de seguir idealizando el ejemplo de los EEUU y desvalorando todo lo mexicano, la clase política de México puede hacer algo bueno por nuestro país: Programas de mejoramiento de suelos, de la promoción y investigación de las potencialidades de semillas nativas, incentivos para la producción de productos nativos, y la conservación del patrimonio mexicano que representan las semillas y los conocimientos de nuestros pueblos campesinos e indígenas servirán mejor que los pocos pesos que sus programas dan a los y las campesinos a cambio de asistir a sus pláticas y dejando de trabajar sus milpas. Frente a las incertidumbres de un clima que está cambiando un modesto programa de seguro de cosechas puede hacer mucho para detener una nueva ola de emigración de nuestros campos.

Quizás los y las legisladores federales que tienen más coches en sus cocheras que los tres que circulan, en tiempos buenos, por la terracería de Yucuyoco pueden reconocer sus responsabilidades a México y al planeta y apoyar el tipo de agricultura mexicana que puede enfrentar el cambio climático y servir a las generaciones futuras de la familia humana.

¿Y nosotr@s? ¡Promover y sembrar la Milpa tradicional y nuestras semillas criollas!

Descarga el entero número XXVI de EL TOPIL

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